Cuando se piensa en decorar una casa, la conversación suele girar en torno a muebles, textiles y luz. Pero hay electrodomésticos que pasan años a la vista o condicionan cómo se organiza un ambiente. La lavadora y el ventilador son dos de ellos. Elegirlos con el espacio en mente evita muchos dolores de cabeza.

La lavadora empieza por la medida del espacio disponible

Antes de fijarte en funciones, mide el lugar donde irá. Las lavadoras de carga frontal suelen tener unos 60 cm de ancho, una medida pensada para encajar bajo una encimera o dentro de un armario de cocina. También pueden apilarse con una secadora en formato de torre, una solución útil cuando el lavadero es estrecho. Deja unos centímetros libres detrás para las mangueras.

Las de carga superior se abren por arriba, así que necesitan espacio libre sobre la tapa y no admiten encimera. A cambio, permiten añadir una prenda olvidada a mitad del ciclo. Existen además las semiautomáticas de doble tina, con un compartimento para lavar y otro para centrifugar. Las lavasecas lavan y secan en el mismo equipo sin ocupar el sitio de una segunda máquina.

La capacidad depende de cuántas personas viven en casa. Entre 8 y 10 kg alcanzan para una o dos personas. Una familia de tres o cuatro necesita de 11 a 15 kg. A partir de 16 kg la lavadora acepta edredones y ropa de cama voluminosa. Al comparar lavadoras, vale la pena mirar también el acabado. El blanco sigue siendo el más fácil de combinar, mientras que el grafito y el acero quedan bien en cocinas con electrodomésticos oscuros o tiradores metálicos.

Un ventilador para cada ambiente

El tipo de ventilador cambia según el espacio. El de torre, por ejemplo, ocupa poco suelo y tiene una silueta estilizada que pasa casi desapercibida en dormitorios y salones pequeños. El de pie mueve más aire y se traslada con facilidad. Los de pared liberan el suelo por completo y los de mesa resuelven el escritorio o la mesilla de noche.

El de techo merece capítulo aparte, porque se integra en la decoración casi como una lámpara. Para elegir bien el ventilador de techo, conviene ajustar el diámetro de las aspas al tamaño de la habitación. Muchos modelos tienen además un selector de giro. En verano las aspas giran en sentido contrario a las agujas del reloj y empujan el aire hacia abajo. En invierno, a baja velocidad y en sentido horario, ayudan a repartir el aire caliente que se acumula cerca del techo.

Si el ventilador va a un dormitorio, revisa el nivel de ruido. Por debajo de 45 decibelios se puede dormir con el equipo encendido. Para un dormitorio o un salón mediano suele bastar una potencia de 40 a 60 W.

Con la medida apuntada y el ambiente claro, la elección se simplifica. Al final, ningún electrodoméstico debería parecer puesto a la fuerza.